Exposición
Refiguraciones del fragmento
por el Dr. José Antonio Forzán.
Los colores pierden su nombre y se comienzan a diseminar, a regarse por el océano de la posibilidad. Tales ideas no hacen una apología de la libertad condicional ante un sistema carcelario. Son pequeñas fugas que Fernando Díaz Cid ha comenzado a permear en su obra plástica, expuesta desde hace algunos años en distintas instancias preocupadas por el desarrollo del arte: desde La Casa de la Cultura de Puebla, pasando por el Ágora del parque Naucalli hasta la Universidad Nacional Autónoma de México. Su proyecto artístico ha sido motivo de reflexión para más de un transeúnte despistado o para la crítica especializada.
Lo que muestra en sus exposiciones es tan variado como la propia formación del Mtro. Díaz Cid. De origen Diseñador Gráfico por la Universidad Iberoamericana y Maestro en Semiótica por la Universidad Anáhuac, con complementos como creador visual en talleres a cargo de Ana Goghman y Juan Carlos Bermúdez así como diplomados y cursos en pensamiento contemporáneo y teorías del signo impartidos por expertos tales como Raymundo Mier, Benjamín Mayer y Floyd Merell.
La combinación entre lo plástico y lo filosófico le permite navegar por rumbos tan distintos que lo incitan a comprometerse con un proyecto atrayente. Parafraseando a Derrida ha acuñado la descripción de su que hacer, llamándose a sí mismo como un fictor. Su propuesta se mueve entre la representación natural y la simbolización, entre la mentira que cala y la verdad que asalta, entre lo ficcional y la pintura, donde los correlatos escrito-pictórico se confabulan en el borde, en el hueco de la ficción presente.
En su obra, la imagen se diluye, se altera. El presente se disemina. Porque, si Umberto Eco tiene razón, el arte debe estar abierto al juego de la interpretación. Tal es la ventana que abre Fernando DíazCid. El título de sus obras convoca a las interpretaciones. Su fictura no es pasiva, clama por la reinvención del sentido, propuesta que requiere indispensablemente del espectador para completar el juego..
Desde su anclaje teórico, la obra de Fernando Díaz Cid permite, además, el gozo visual. Los matices son parte de un imaginario que agrada, que permite acercarse placenteramente a los trazos desvanecidos de una propuesta artística sólida. La obra de DíazCid es un rincón para el descanso y un mundo para la lucha simbólica, el se dibuja como un autor que, en plena línea interpretativa, se abandona sacrificialmente en todos aquellos que lo encuentren y se sirvan mirar su juego: un platillo de luces que recuerda la fragilidad del tiempo. Atraparlo, ocasionará un instante de muerte. Recrearlo, nos traerá el palpitar de la vida.
Dr. José Antonio Forzán

