Iconismo e hipoiconos
Para poder hablar del iconismo necesitamos, según la propia opinión de Umberto Eco, en su libro Kant y el Ornitorrinco, iniciar con una relectura de Pierce, en donde Pierce busca descubrir la actividad incesante de la interpretación.
Pierce nos habla de la inmediata sensación de lo “First”, de lo que en el proceso interpretativo es posibilidad, es potencialidad sin existencia, es sin autoconciencia de que es, no es un objeto ni es inherente a ningún objeto reconocible[1]; y esta Firstness, a la que llamaremos de ahora en adelante Primeridad, nos conduce a pasar a la Secondness o Segundidad, donde ya empezamos a realizar comparaciones alimentadas por inferencias, y a una Terceridad donde ya descubrimos grados.
Dentro de la Primeridad Pierce habla del Ground, que es la sustancia, la base que se presenta como predicado posible. El Ground solo puede tener relaciones de similitud consigo mismo, con nada más; es una idea, por lo cual no puede ser un icono, ya que el icono es similitud, es el fenómeno que funda todo juicio posible de similitud, pero que no puede ser fundado; por lo que el Ground, se concibe como un concepto de iconismo primario, donde solo se reconoce una sensación. El Ground representa un momento presemiótico al ser pura posibilidad. Eco nos hace mención de que en el pensamiento Pierciano se entrelazan dos perspectivas la cognitiva y la metafísico-cosmológica, ya que sus categorías de Primeridad, Segundidad y Terceridad, son modelos del conocimiento del mundo; modos según los cuales el mundo se comporta y se interpreta así mismo, siendo esta inteligibilidad una característica que constituye al universo.
En el curso del proceso perceptivo, a partir de la sensación (el Ground) se construye el Objeto Inmediato, el cual se encontraba antes de cualquier percepción como Objeto dinámico. El Ground en su momento consciente, es el selector perceptivo de las propiedades del Objeto dinámico destinadas a ser pertinentizadas por el Objeto inmediato. En el paso del Ground al Objeto inmediato el iconismo se reelabora y se transforma, este iconismo primario puede ser verdadero o falso, para Pierce este iconismo primario más que una prueba de la existencia real del objeto, queda como un postulado de su realismo fundamental.
Pierce niega la intuición como tal, y afirma que todo conocimiento nace de un conocimiento anterior, ni siquiera una sensación puede ser reconocida sin una inferencia anterior; sin una inferencia perceptiva. Entre la Primeridad y la Segundidad, entre icono e índice hay un estímulo, el hecho de que hay algo que percibir, lo que Pierce llama Percepto, que no es ninguna percepción terminada, que es pura individualidad, a lo que Eco llama “en sí misma estúpida”. Cuando sobre este percepto establezco un juicio, realizo un juicio perceptivo, que no es una copia del percepto, ya que es el umbral donde la primeridad y la segundidad se confunden, es donde ya otorgamos un valor, y decimos que es un juicio verdadero. Dentro de este juicio perceptivo, se preserva un rastro de la iconicidad primaria, pero este juicio desingulariza al objeto, lo generaliza, transformando la sensación individual en una clase de sensaciones semejantes. Pierce dice que el mismo percepto despierta en la mente una imaginación, apoyada en los sentidos, por lo que un juicio perceptivo no es copia del percepto por su esencia de juicio.
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