Trampa Pictórica
En mi obra detecto una correlación entre “dos” discursos que se tocan y se entrelazan, para dejar de ser dos, y no dejar de ser uno. Pinto con mis reflexiones. Reflexiono con mis pinturas.
La pintura se traza con los pinceles de la reflexión. Mis notas se escriben con formas y color. La palabra estalla en el trazo y la grafía se salpica de distintas tonalidades.
Los discursos se trasponen, se mezclan, se invocan el uno al otro, se (re)presentan y se articulan en su correlación justo al borde de lo pictórico y de lo escrito. Se (tras) tocan en lo secreto, en la falla, para así explotar a la interpretación.
La correlación propicia desplazamientos, ensueños, espejismos y ficciones pues la pintura/escritura se ve desdibujada al pintar con palabras y al escribir con imágenes.La escritura no descifra a la pintura, ya que la pintura contamina a la escritura y la pintura tampoco podrá descifrar absolutamente a lo escrito. Ambas se confabulan para presentarse indescifrables. Lo que por momentos parece descifrado al instante siguiente cambiará y su descifrar será distinto, (des)aparece.
El trazo es una unión, es un lazo, un trazo que con-vive con otro trazo. Trazo pictórico y trazo escrito que se entrelazan, sin fundirse. Un trazo que, tanto en la pintura como en la escritura, se presenta azaroso, sin poder pre-decirse. Es una promesa de correlación en la que ya de antemano, se presenta la posibilidad del la ficción; está velado cómo será esta correlación, pero se promete. La correlación propicia desplazamientos, ensueños, espejismos y ficciones pues la pintura/escritura se ve desdibujada al pintar con palabras y al escribir con imágenes.
La escritura no descifra a la pintura, ya que la pintura contamina a la escritura y la pintura tampoco podrá descifrar absolutamente a lo escrito. Ambas se confabulan para presentarse indescifrables. Lo que por momentos parece descifrado al instante siguiente cambiará y su descifrar será distinto, (des)aparece.
Pintura/escritura, relación de des-a-completamiento al promover un no cierre del proceso, al invocar una abertura dinámica que invita a lo secreto en el proceso de transposición, que será inconclusa ya que no podrá darse totalmente. Una pintura no podrá transponerse a lo escrito, ni lo escrito podrá transponerse a una pintura, pues los dinámicos puntos de fuga del proceso permearán la transposición de secretos y de ficciones. Pero al mismo tiempo, no pueden evitar su constante correlación. Lo enigmático se presenta en cada acontecer escrito/pictórico cada vez que interpretamos una obra. Algo se vela y algo se devela, lo escrito no aclara lo pintado y lo pintado no aclara lo escrito, sino que, en su correlación, acontece lo secreto, que es lo que pro-mueve la correlación. Lo secreto es el motor de la búsqueda y del deseo.
El proceso pictórico escapa al borde del discurso escrito/pictórico. En esta acción de escapismo, el ocultamiento dinamiza el proceso, le da sentido del sin sentido, en una búsqueda de lo (in)encontrable. Por ejemplo, el título de una pintura no podrá pretender ajustarse a la obra, sino que será una cómplice de la extensión del significado inalcanzable de la obra. El titulo con-lleva la trampa pictórica, se pretende como algo concreto cuando es lo contrario. Al titular una obra se le añaden más trazos fuera del lienzo, trazos diferidos que entrelazan la pintura con lo secreto al hacer aun más compleja la interpretación pictórica. No se puede presentar como algo aislado sino como parte componente de la obra en confabulación con lo secreto. Y como Michael Foucault (1981:72) nos recuerda: “el título no contradice al dibujo, afirma de otro modo.”
Otro ejemplo es, la firma del autor: Una obra donde se evoca una ausencia en presencia. Se escribe mediante una imagen gráfica simbólica la presencia de alguien que ya no está, que esta en ausencia, pues la firma es un elemento figurativo más dentro de la obra; la confabulación se hace evidente en ese trazo que acontece. Además, aunque la misma persona firme, su firma nunca será igual. Cada firma será una y cada firma se correlacionará particularmente en el acontecimiento pictórico, de manera desajustada. Podré escribir sobre mis pinturas de la manera más apegada posible, podré pintar sobre mis escritos, pero nunca lograré que uno ajuste al otro, promoviendo una traición discursiva constante, donde el final falta, en un proceso infinito de (des)marcación y desajuste en el cual al pintar escribo, al escribir pinto y al (des) escribir, (des)pinto. Se conjura la ausencia siempre presente en la interpretación que no llega a ser vencida por las palabras, sino que por el contrario, la escritura y la pintura se confabulan para representar un juego de múltiples significaciones.
Al respecto Michael Foucault (1968:178) dice: “esa misma cosa que se ve y se lee está callada en la visión y oculta en la lectura, ya no poseen espacios comunes donde las palabras puedan recibir una forma y las formas puedan entrar al orden léxico, se produce una ausencia de espacio una desaparición del lugar común entre la pintura y la escritura.”La ficción atraviesa la pintura y la escritura en su forcejeo, es decir, se ficcionan, mis pinturas se despintan en el simulacro; se tornan en Ficturas.
Ficturas que son pinto-escrituras trasgredidas por el secreto; que no pueden pretender pintar sin ocultar. Por ello soy un Fictor que (des)pinta, que (des) escribe y que se ficciona junto con su obra sin pretender pintar sin ocultar.

