En el discurso

Umberto Eco[8] escribe que los rasgos que conforman las representaciones icónicas son del orden óptico (visibles) del orden ontológico (propiedades conocidas, no visibles de objeto representado) y del orden convencional (rasgos arbitrarios que modelan culturalmente la representación para el reconocimiento de los objetos). Este último orden convencional puede llegar a ser una abstracción y simplificación, que convierte en inidentificable al objeto que representan , a menos que se cuente con toda la información cultural.

Cuando una imagen pretende representar un objeto con la intención de producir una duplicación óptica unívoca, se le llama imagen mimética o ilusión referencial; esta pretensión de duplicación visual posee su potencialidad comunicativa en la base del reconocimiento de las formas, por parte de los individuos. Una reproducción icónica mimética aspira a alcanzar la veracidad de la imagen especular, ésta envía al ojo del espectador un haz de rayos luminosos similares (o lo más similares posibles) a los que emitiría el propio objeto. Pero reconociendo siempre un grado de similitud y por lo tanto, un grado de diferencia, quizá muy pequeño, pero existente entre la imagen mimética y el objeto real, los signos icónicos visuales no tienen las mismas propiedades del objeto, pero estimulan una estructura semejante al objeto original, ahora para lograr este intento se utilizan diferentes elementos técnicos para producir un efecto ilusorio, una ilusión óptica que produzca una sensación de reproducción icónica de la realidad. Lo curioso aquí es que lo que denominamos realidad, tampoco es completamente real ya que es al mismo tiempo una representación mental del mundo de los objetos, que como ya hemos mencionado, se presenta como una retícula sígnica ante nuestros ojos y que nos predeterminan cierta visión, por lo que esta ilusión óptica es la representación de una muy probable ilusión, a la que llamamos realidad.

Cuando una imagen pretende representar un objeto con la intención de producir una duplicación óptica unívoca, se le llama imagen mimética o ilusión referencial; esta pretensión de duplicación visual posee su potencialidad comunicativa en la base del reconocimiento de las formas, por parte de los individuos. Una reproducción icónica mimética aspira a alcanzar la veracidad de la imagen especular, ésta envía al ojo del espectador un haz de rayos luminosos similares (o lo más similares posibles) a los que emitiría el propio objeto. Pero reconociendo siempre un grado de similitud y por lo tanto, un grado de diferencia, quizá muy pequeño, pero existente entre la imagen mimética y el objeto real, los signos icónicos visuales no tienen las mismas propiedades del objeto, pero estimulan una estructura semejante al objeto original, ahora para lograr este intento se utilizan diferentes elementos técnicos para producir un efecto ilusorio, una ilusión óptica que produzca una sensación de reproducción icónica de la realidad. Lo curioso aquí es que lo que denominamos realidad, tampoco es completamente real ya que es al mismo tiempo una representación mental del mundo de los objetos, que como ya hemos mencionado, se presenta como una retícula sígnica ante nuestros ojos y que nos predeterminan cierta visión, por lo que esta ilusión óptica es la representación de una muy probable ilusión, a la que llamamos realidad.

En las continuas reflexiones de la semiótica visual, aparece una atención particular al símbolo, “la simbolización nació de la necesidad de dar forma perceptible a lo imperceptible”[9] . El término símbolo ha desarrollado inquietudes en distintas áreas del saber humano, su proliferación conceptual con una carga notable de investigación psicológica es representada por Erich Fromm, quien distingue:• Símbolo convencional (signo de validez social, signos lingüísticos principalmente)• Símbolo accidental (aparece por vivencias personales del sujeto)• Símbolo universal (inherente a toda la naturaleza humana)En esta segmentación, Fromm valida a los símbolos a partir de su extensión de lo particular a lo universal; ahora es claro que esta segmentación no es funcional, ya que los símbolos no pueden ser ni absolutamente particulares, ni absolutamente universales. Lo que es claro es que el símbolo es un producto de la mente humana, su correlación con lo abstracto es definitiva. Esta abstracción puede darse en dos planos: en el plano del significante y en el plano del significado, en el plano del significante se dará cuanto menos mimética sea la abstracción y en el plano de significado se dará cuanto más genérico y menos individual sea.