Un receptor puede recibir estas imágenes exteriores a él mismo, pero inmediatamente establecerá una relación; si las imágenes son sólo para un sujeto se les llama imágenes exógenas privadas y si el sujeto las comparte con alguien más entonces son imágenes exógenas públicas, propias de los medios de comunicación masivos. Ambos tipos de imágenes pueden ser bidimensionales o tridimensionales, tomando en cuenta sus características espaciales; lo importante de establecer esta diferencia es que en las imágenes tridimensionales la dimensión táctil esta más presente, ya que aunque no toquemos directamente a la imagen, nuestra percepción establecerá un juicio de relieves y una relación muy estrecha entre la percepción óptica y la táctil. Al observar la relación de las imágenes con el tiempo, podemos encontrar imágenes fijas (pintura, dibujo, fotografía) imágenes secuénciales(cómics, fotonovelas) o imágenes móviles (cine, televisión); aunque esta relación temporal se vuelve relativa es importante tomarla en cuenta ya que la interpretación que realicemos de una imagen se ve influenciada por el tiempo.
En una imagen fija pretendemos que el tiempo esta estático, aunque en realidad sabemos que durante nuestra interpretación de la obra el transcurrir del tiempo es inevitable; establecemos aunque sea mentalmente una sensación de estabilidad dentro de la imagen; por otro lado en las imágenes secuénciales, se presenta una temporalidad simulada, mediante efectos gráficos conceptuales que le otorgan una movilidad a la imagen que ya previamente habíamos establecido que no la tenía y ahora la dotamos de un nuevo significado temporal, que claramente no es igual al real- El nivel de secuencia de un cómic no es igual a nuestro tiempo, de un cuadro a otro pueden pasar años, es por eso que simulamos esta temporalidad.[5]En el caso de las imágenes móviles, mediante el manejo de una ilusión óptica de su movimiento pretendemos reproducir una temporalidad analógica a la real. El sujeto productor de imágenes icónicas elabora con soportes muy diversos representaciones simbólicas de las escenas visuales de su entorno (perceptos) y/o de los mundos creados en su mente, para propiciar a partir de su vivencia una comunicación entre otros sujetos y entre otras épocas; lo curioso es que esta comunicación puede ser recibida por el mismo en otra época, por lo cual a lo mejor ya se consideraría como el mismo sujeto, pero distinto; y donde este a su vez generaría nuevamente imágenes, que serán observadas en otro tiempo y por otro sujetos, en una semiósis visual ilimitada.
El interpretar o representar mediante imágenes icónicas es una actividad sígnica, de ahí que la imagen sea materia de estudio de la semiótica. Se ha debatido durante los últimos años si el lenguaje visual es mayor que el lenguaje escrito, o viceversa. Se sostiene, por ejemplo, que el hombre pudo soñar con imágenes antes de poder hablar y por el otro lado se establece que la creación de imágenes y su organización tal y como lo realizamos hoy en día, está determinada por nuestro manejo lingüístico. Lo cierto es que su relación y su interdependencia es clara, el hombre contemporáneo no puede dejar de tomar en cuenta ninguno de los dos lenguajes, por el contrario los maneja como complemento; lo que podríamos observar es que el lenguaje verbal nace de la voluntad de dominar, de capturar, de convertir la realidad a un sistema humano de representación, mientras que el lenguaje visual nace de reproducir las experiencias ópticas; claro está que en ambos se da una representación que en algún momento puede ser tan mentalizada que se aparte de la supuesta realidad que representan.

