El contorno de la visión ocular es de bordes redondeados y no recto ni rectangular como nuestra sociedad occidental ha pretendido imponer. Esta adopción convencional del encuadre no es una decisión neutra, sino que afecta directamente al contenido icónico de las imágenes, ya que obliga a una operación selectiva de inclusión y exclusión de signos, el encuadre presupone algo vacío, algo fuera de él que sin embargo ahí esta y que tiene su significación, una ventana limitadora de la semiósis, la interpretación de cualquier imagen debe desdibujar este encuadre para así pretender llegar a los límites sígnicos y comprender un poco más los significados.
Al hablar de la forma surge el concepto de equilibrio. Casi siempre nuestra percepción tiende al equilibrio, el equilibrio en nuestra cultura occidental es algo normal, pero lo que no podemos hacer es quedarnos con esta visión y descalificar una composición de imágenes que nos parezca desequilibrada, aunque en realidad no lo sea. Nuestra percepción tiende a restablecer cualquier equilibrio perdido, pero la simetría no implica necesariamente desequilibrio o inestabilidad, la sensación de equilibrio es producida por un diseño visual limitado por su contexto especifico, en una dinámica visual donde las formas están vinculadas a nuestras vivencias previas, a nuestras codificaciones ya sean icónicas, iconográficas, iconológicas, retóricas o estéticas. Toda representación icónica es un proceso de transfiguración de la realidad determinada por su contexto, según la época cultural una imagen puede ser hiperformalizada, es decir ser una representación estable de la realidad, y otra imagen puede ser hipoformalizada, considerándose esta aberrante y no representativa de la realidad. Lo curioso es que ambas imágenes en otra época o en otro contexto pueden jugar el papel contrario al que jugaba.
Lo que queda claro, es que las representaciones icónicas “son sistemas simbólicos interactivos y además jerarquizados”[14] esta jerarquización la realiza tanto el emisor como el lector al momento de la decodificación por lo que al darse en sujetos distintos en momentos diferentes lo más seguro es que no sean coincidentes. Además, de que esta lectura de la imagen se dará tanto analógicamente como digitalmente, la vista al recorrer el espacio visual podrá proceder en el continuum perceptivo, analógica y/o digitalmente, ya que la imagen es percibida y memorizada como un fenómeno analógico, pero al mismo tiempo por ciertas influencias culturales de codificación la imagen se percibe digitalmente. Es por eso que la imagen icónica es un símbolo biescópico, con relación a sus procesos de percepción.
Estas reflexiones sobre la percepción visual y sobre las representaciones icónicas nos muestran un camino complejo pero sumamente interesante que transitar, para así poder intentar comprender un poco más los procesos que se organizan dentro de la semiótica visual.

