Lo sublime en la pintura es el fracaso, el pesar, la impotencia de la imaginación por escaparse del secreto, es la tensión que se produce al crear y al recrear una obra pictórica ante lo velado y lo oculto; Tensión que, al vivirse, promueve una intensidad y un placer contenedor de su propio displacer. Lo secreto es agitación entre la vida y la muerte, es intensidad en las tensiones y la pintura lleva intensamente en su proceso esta lucha. Lo secreto impresentable se representa, el simulacro se vuelve un deleite.
Pintura que en su ocurrir, muestra un develar lo oculto que queda por develar. La pintura misma se ve despojada de su propia develación ante la constante aparición de una veladura en ella misma.
La pintura (re)presenta a lo (in)presentable de (re)presentar, mediante su (re)presentación. Pintar es un modo de cubrir, para des-cubrir que hay cubierta. Lyotard nos recuerda al respecto que la palabra color tiene la misma raíz que “celare” que es ocultar, esconder.
Al pintar los trazos pintados o espectados no son nunca los últimos trazos. Lyotard nos comenta que se puede reflexionar, semiologizar sobre ellos pero siempre estarán naciendo. Los trazos en pintura son desobedientes. La pintura nos (des)obedece.
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