En el discurso

Al pintar no se aclaran las cosas sino que se enrarecen para mostrar lo enrarecido del ser. Al espectar una pintura, se busca ese enrarecimiento con la plena conciencia de que de encontrarlo no será puro, sino que en él habitaría lo secreto de lo secreto.

Es irónica la búsqueda de una significación que no es posible comprender en su totalidad. La pintura pretende decir una cosa cuando en realidad significa otra distinta para el espectador. No se puede predeterminar su sentido. Se puede intentar guiar este, pero con la única seguridad de que esta “guía” será desbordada, mostrándose en este desbordamiento del sentido lo secreto.

El reclamo de sentido es irónico, se burla del fracaso para consolidarse en el fracaso de la búsqueda. Lo secreto es una ironía que puede decir algo, pero que sólo lo dice a través de desvíos pictóricos. La ironía pictórica se extiende a la misma pintura, ya que la pintura no es capaz de conocer lo que ella misma es, no puede abarcarse.

Retomando a Paúl de Man, diremos que la ironía es la negación que revela, mediante la ruina de la obra pictórica. El posible fracaso en la búsqueda de lo secreto, que permanecerá secreto, es irónicamente lo que mueve a la pintura. Lo extraño, lo absurdo, irrumpe en el proceso pictórico. Encarna vibraciones y sentimientos que, aunque queramos, no se pueden ver en su totalidad, en donde es importante no sólo aprender lo que se dice, sino lo que no se dice, lo que está oculto, lo que permanece en el secreto; en un encuentro con el desencuentro. Una pintura vive, pero en este vivir siempre aparece lo secreto, lo invisible, lo inabarcable, lo invivible. El discurso pictórico vive en lo invivible, en una movilidad que siempre presenta puntos de fuga.

Recordando a Ionesco se podría decir que la pintura es la encarnación de los sueños, la manifestación de una fantasmagoría que se presenta ausente. La pintura no podría ser pintura de no correr el riesgo de un sin sentido potencial. Cuando intentamos apropiarnos del sentido de una pintura, en realidad lo que propiciamos es la desapropiación, ya que no podremos hacer nuestro ese sentido. Lo secreto del sentido nos será in-propio y aunque se presente en el proceso, se escapará. La imposibilidad de llegar a un destino determinado de la pintura es lo que la dota de posibilidad. Para que llegue un mensaje, es necesariamente posible que este falle, que nunca llegue como se planeo, que llegue, si llega, colmada de lo secreto.

La pintura es secreto, acontece en el olvido, se experimenta en lo confuso, se vive espectralmente, está orientada hacia lo no encontrable pero así es la manera en que se pinta. Lo secreto en la pintura no sucede allá a lo lejos, sino en este suceder, en este desarme de la razón, en lo indeterminado, en lo sublime, en lo secreto. El pintar multiplica las intrigas al jugar con su (re)presentación.