Un secreto pictórico (in)tolerable que se sufre en el propio deseo de tolerarse. Sin el secreto, sin la imperfección, no hay deseo, no hay motor que impulse el hacer pictórico. El secreto es la escena móvil en el que la pintura se procesa, es arena movediza que invita a moverse para ser parte de su proceso. Pintura que se mueve por lo secreto que hay en ella, es la inestabilidad sobre la cual puede pretender establecer sus relaciones de sentido y sin sentido. .
La evocación constante de esta búsqueda de sentido, fortalece a la representación para el encuentro con lo secreto, su proceso prolifera hacia lo infinito, hacia lo indeterminado, en una significación más o menos oculta. Al pintar se hace presente la necesidad de la búsqueda de la “verdad”, pero ésta es una verdad llena de los espectros de la mentira, de la apariencia, del simulacro. El secreto pictórico es verdaderamente mentiroso. La verdad y la mentira se confabulan en una trampa para sólo mostrar que existe algo secreto, que puede saberse pero que no se sabrá en su totalidad.
El hombre ha pretendido el encuentro con la verdad pictórica. Este actuar sólo muestra la necesidad de su búsqueda y, al mismo tiempo, la necesidad de que ésta se aleje. La verdad es también no-verdad. Una pintura puede considerarse lo comprensible, pero al mismo tiempo puede considerarse lo oculto. La pintura es distorsión. No hay pintura pura, sólo hay apariencias. Lo importante es notar esta aparienciabilidad, esta secretud de la obra.
Cualquier pintura será siempre (re)creable. Una (re)creación no tendrá que ver con la otra más que en ciertos rasgos, por lo que en cada (re)encuentro con la obra el secreto se manifestará de manera diferente. Aparecerá de una manera y otra vez desaparecerá.
Lo secreto en la pintura no es una verdad que alguien conoce y que no quiere revelar por mantenerla en secreto. Nadie tiene esa verdad, lo secreto no tiene dueño, lo secreto en la pintura es esa promesa de develar algo que al mismo tiempo vela, es el proceso pictórico en el cual se espectraliza de manera distinta y continua.
Heidegger comenta que no podemos definir el “es” porque nosotros mismos vivimos en el “es”. Esto no significa que no sea, sino que, yo no lo puedo encontrar por mi cualidad de vivir en el “es”.Cuando observo o creo una obra pictórica digo que ésta es, pero este “es” tiene ya una significación en mi decir, algo oculto, un secreto. El “es” (con)tiene en el mismo el vacío. Nietzsche reconoce al ser como el humo final de una realidad que se evapora. El es lo más vacío de significación. La pintura inmersa en la búsqueda de significaciones, representa la evaporación, en el acto mismo de evaporase.

