Esta ilusión viene asistida por lo que el mismo Gombrich denomina “el principio del etcétera” que es nuestra tendencia a dar por supuesto que cuando vemos unos pocos miembros de una serie los vemos todos. Nuestra tendencia a generalizar.
Lo que es cierto, es que sin la ilusión al contemplar una imagen, muchos de los “trucos” visuales no serían aceptados, tales como la tercera dimensión, la perspectiva, etc. . Lo importante es ser conscientes de nuestra ilusión ya que estamos tan predispuestos a ellas que no nos damos cuenta de cómo operan en nuestro proceso interpretativo, al grado de que cuando se nos presenta una imagen en donde existen varias propuestas de ilusión, nos es muy difícil encontrar las demás una vez que nos dejamos sugestionar por una de ellas aunque tengamos el conocimiento de que esa forma se puede interpretar de distintas maneras. Una vez que nuestra proyección, es decir nuestra lectura queda anclada en una interpretación es muy difícil cambiarla, nuestra preimagen queda anclada y confirmada por la postimagen. Estamos tan entrenados a la anticipación de sentidos que cuando vemos una imagen que no se ajusta a nuestra lectura, establecemos relaciones, donde no encontramos una coherencia creamos un marco de referencia, y damos sentido a la imagen visual, en un proceso tan arraigado a nuestra cultura, del cual no somos conscientes.
En el arte iniciamos otorgándole la concesión al artista de que lo que hizo debe tener algún sentido, cuando a lo mejor no.“La ambigüedad, es la clave de todo el problema de la lectura de imágenes” [5] estamos tan adiestrados en el juego que no nos damos cuenta de lo ambiguo que puede ser un simple dibujo, las posibilidades de interpretación son infinitas, pero estas se ven limitadas por unas cuantas pistas que nos “informan” del sentido de la imagen visual; Nos es muy difícil distinguir entre lo que nos es dado y lo que suplimos nosotros mismos en nuestra proyección. La sugestión y la autosugestión son muy difíciles de limitar, pero están presentes en nuestra interpretación visual. La ambigüedad no puede ser vista en cuanto tal, solo nos fijamos en ella cuando tenemos la capacidad de pasar de una lectura a otra, y advertir que ambas interpretaciones son correctas.
A menudo el desconocimiento de esta ambigüedad no nos dejar saber que las formas puras, o absolutas no existen ya que cualquiera que pueda considerarse como forma pura, en realidad podrá permitir una infinidad de lecturas posibles. Como hemos observado a lo largo de este ensayo, Gombrich propone que la percepción tiene un carácter de sujeto-predicado, ver es ver algo ahí. Esta percepción se da a partir de un aprendizaje y de la experiencia misma de la percepción. Es importante mencionar que en este punto, se opone a la escuela de Gestalt quien dice que en el pensamiento hay una tendencia innata de nuestro cerebro, a percibir ciertas cosas. Desde que el arte, se ha propuesto desmarcarse de una percepción cerrada, y ha jugado para sugerir distintas lecturas, ha sido más propositivo, y ha sido un reflejo de lo “real”. Las ilusiones del arte, reflejan lo ilusorio de nuestro entorno real, a partir de sensaciones ideadas, la mente se debate entre el arte y la realidad y encuentra un placer en la ilusión, sabemos que el arte es una ilusión, aceptamos voluntariamente la oscilación del juego entre lo ilusorio y lo real. La única manera de luchar contra esta ilusión es hacer que los indicios se contradigan, evitar que una imagen se presente como coherente, y esto se da, en el cubismo que es “el esfuerzo más radical por pisotear la ilusión y obligar a una sola lectura del cuadro”[6].

