Al respecto Constable sugiere, que el público no tiene derecho a juzgar la veracidad de un cuadro porque su visión estará nublada por el prejuicio. Si tomamos como verdadera esta expresión de Constable entonces tendríamos que aceptar que no puede existir ningún juicio absoluto sobre ninguna obra visual, ya que cualquier juicio que hagamos tendrá contenido en el mismo el badage cultural de la persona que lo emite, ya sea un contemplador, un historiador de arte o incluso el mismo autor. La función del historiador no es la de juzgar las obras sino la de explicarlas, tomando en cuenta que esta explicación tampoco podrá ser considerada como absoluta o única.
Distintos autores han desarrollado el tema de la percepción, Gombrich da cuenta de ello y hace una reflexión en donde establece que ya se ha adquirido conciencia de la complejidad de los procesos de percepción y nadie pretende ya entenderlos completamente, además en la actualidad se está produciendo una reorientación radical de todas las ideas sobre lo que es la mente humana y sus procesos, esta reorientación deberá tomar en cuenta las reflexiones que hace Rudof Arheim sobre el arte de los niños y las ideas de Ehrenzwiig sobre la percepción inconsciente, lo que es claro es que los términos básicos que críticos y artistas han utilizado, actualmente se cuestionan.
La percepción y la ilusión se encuentran entrelazadas por nuestro propio proceso perceptivo, la percepción pretende aprehender a la “realidad” pero siempre hay algo que se le escapa, y que construye para poder ser percibido. En la visión “No aprendemos a tener percepciones sino a diferenciarlas”[2]los procesos perceptivos representan una hipótesis que siempre tendrá la posibilidad de ser en algún grado falsa. Dentro de esta percepción la problemática de la imagen visual cobra notable importancia, las conexiones en la formación de imágenes entre forma y función en el contemplador de una obra son piezas imprescindibles para poder llegar a cierta comprensión de las imágenes visuales y de cómo se procesan en el arte.
El artista sólo puede trasladar lo que ve, dentro de su medio limitado, será con su acto creativo como podrá llevar hasta el límite su expresión pero siempre estará enmarcado por su propio medio. Además la interpretación del contemplador se verá limitada por su propio medio, y por las inferencias culturales de este; al grado de que algunas sugestiones del artista nos resultan normales al percibirlas, sin darnos cuenta de que estas sugestiones implican en su desarrollo un aprendizaje previo, es decir, una educación de la visión.
Al observar una obra establecemos ciertas relaciones con nuestras experiencias visuales anteriores, la memoria visual entra en acción para poder dar sentido a la nueva imagen que se nos presenta, este sentido podrá ser falso o verdadero, pero lo que es incuestionable es que al ser espectadores siempre buscamos dar un sentido a las imágenes que observamos, los distintos manejos tonales y cromáticos del artista nos servirán para darnos pistas de este sentido enigmático de la obra. Lo que vemos es un mundo estable, construido en nuestra mente; hace falta un esfuerzo considerable para darnos cuenta de la inestabilidad que hay en lo que vemos, y de cómo se ve representado en el arte visual. Es complejo aceptar que cuando vemos un cuadro ni uno solo de los “matices corresponde a lo que llamamos realidad”[3].

